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miércoles, 4 de marzo de 2015

4 marzo 1923 Alfonso XIII entregó a Albert Einstein el título de académico de honor


"Einstein, el sabio alemán universalmente admirado, se halla entre nosotros. Reciba el insigne hombre de ciencia que nos honra con su visita nuestro más cordial y respetuoso homenaje, al que seguramente se asocia España entera".
Nuevo Mundo, 2 de Marzo de 1923.

Con tan sonoras palabras recibió la prensa española de la época al célebre huesped que recorrió nuestro país a comienzos de 1923. Alberto Einstein, tal y como se castellanizó su nombre, visitó España como si se tratara de una estrella del rock de nuestro días, rodeado de todo tipo de personajes que deseaban hacerse una fotografía con el genio o, simplemente, querían estar donde la prensa centraba sus focos, a pesar de que casi nada conocían acerca del hombre que revolucionó la ciencia del siglo XX.

Alfonso XIII junto a Albert Einstein

Hay viajes que marcan una época. Si famoso es el de Nixon a China, no menos famoso es el de Einstein a España, eso sí, sólo en los pequeños ámbitos de la historia de la ciencia nacional, porque marcó toda una época. Por lo demás, para la Historia con mayúsculas, no dejó de ser una simple anécdota. A principios de los años veinte la ciencia en España se encontraba en pleno auge y desarrollo, contando con importantes figuras de nivel internacional en varias ramas del conocimiento científico, sobre todo en campos médicos. La visita de Einstein fue considerada como una especie de broche dorado al impulso científico nacional, algo así como una forma adecuada de estar en el mundo, de igualarse con potencias científicas antaño inalcanzables. El sueño duró poco pues, no muchos años más tarde, la Guerra Civil haría entrar otra vez en hibernación el desarrollo de una verdadera infraestructura y política científica.
¿Quién era Alberto?
La prensa de la época mostró la visita con entusiasmo. Suele afirmarse que los medios fueron muy generosos con las descripciones de tal hecho singular pero, si se fija uno bien en la letra impresa de periódicos y revistas de aquéllos días, la cuestión no pasó de mero artificio, aunque en algunos casos se publicaron profundos artículos que incluían hasta fórmulas matemáticas. Se daba la bienvenida a un genio universal, a todo un personajes capaz de atraer hacia su persona a la alta sociedad y gente famosa de toda clase, pero poco se comentó sobre la ciencia, los organizadores o acerca de qué había hecho el tal Alberto para ser considerado como el mayor genio de la historia humana. Las grandiosas palabras no pasaron de ahí, junto a fotografías y alguna que otra caricatura, el genio llegó, pasó por aquí y se marchó, nada más. Los ecos de la visita se olvidaron muy pronto, a pesar de que algunos medios intentaron cultivar eso que hoy nombramos como divulgación científica, los loables y trabajados esfuerzos, en forma de excepcionales artículos periodísticos, no tuvieron continuación ni crearon tradición.

Einstein en España

El tal Alberto, como le llamaban, era ni más ni menos que uno de los científicos más importantes de la historia, en eso tenían razón pero, claro está, como pocos, entre la gente común, comprendían en qué consistía su aportación al conocimiento, se prefirió en muchas ocasiones un acercamiento a lo pintoresco de su figura, más que a intentar comprender por qué el personaje que tenían ante sí estaba cambiando el mundo para siempre.

Artículo: "Einstein, España y la ciencia moderna". El País 26 marzo 1987

Albert Einstein, nacido en Alemania, voluntario apátrida e inquieto soñador, había conseguido dar la vuelta al conocimiento científico en pocos años. Cuando visitó España ya había realizado las que serían sus mayores aportaciones a la física y, en general, a toda la ciencia pues su huella es perceptible hoy día en la mayor parte de las ramas del conocimiento científico. Cuando, a finales del siglo XIX, los físicos se mostraron confiados en que se alcanzaría pronto un conocimiento de los mecanismos básicos del universos que pudiera considerarse completo, basándose en lo que ahora conocemos como física clásica, poco podían sospechar que un hombrecillo de aspecto inocente cambiaría tal esperanza de forma radical. En 1905 publicó una serie de artículos científicos que convirtieron su persona en motivo central de toda una revolución del conocimiento. A partir de ahí, el mundo no volvió a ser el mismo. Si bien el cambio no fue instantaneo, en términos históricos puede verse como algo muy rápido, pues la relatividad einsteniana modificó el edificio de la física newtoniana que había llevado siglos levantar. Desde entonces, el tiempo y el espacio permanecieron entrelazados, se abrieron las puertas a la energía nuclear y a todo tipo de tecnologías actuales que deben todo, o gran parte de su existencia, a la obra de Alberto, el insigne visitante.
Gira de éxito
Durante los veinte días que Einstein pasó en España, la prensa no se despegó de su persona ni un momento. A diario, aparecían en los periódicos comentarios, fotografías y artículos sobre el genio, además de algunos intentos de explicar qué era aquello de la relatividad en un lenguaje comprensible para el público. Si tuviera que comparar el viaje de Einstein a España con algo cercano, no dudaría de acudir a las imágenes que todos conocemos sobre estrellas de rock o del cine, cuando llegan entre destellos de las cámaras fotográficas a un estreno o a un concierto.

Artículo ABC

Einstein visitó Barcelona, Madrid y Zaragoza entre finales de febrero y comienzos de marzo de 1923. En pleno ambiente de renovación cultural y científica, la oportunidad fue vista por los organizadores como algo único. Así, el Institut d´Estudis Catalans, la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas y la Universidad de Zaragoza, organizaron todo tipo de actos que, con seguridad, no dejaron un momento de descanso para Alberto.
El padre de la relatividad llegaba a nuestro país tras haber visitado tierras palestinas, desembarcando en Barcelona el 23 de febrero. El día 1 de marzo llegó a Madrid para recibir el 4 de marzo el título de académico de honor en la Academia de Ciencias Naturales. Estará en Madrid hasta el día 12, para poner rumbo a Zaragoza, donde finalizó su visita, habiendo rechazado la oferta de quedarse un tiempo más en Bilbao, donde la Junta Vasca de Cultura había decidido invitarlo para que pronunciara una serie de conferencias, tras haber rechazado también otras ofertas similares como la realizada por el Ateneo Científico de Valencia. No es difícil imaginar que Einstein, entre tanto ir y venir, terminara por cansarse.

Einstein en la conferencia de Solvay, 1927

Imaginemos los escenarios, que no por desarrollarse en ciudades diversas fueron, en esencia, diferentes. Einstein, acompañado de su esposa, llegaba rodeado de la gente de la prensa, ofrecía conferencias y, entre los diversos actos programados, realizaba visitas guiadas por lugares históricos, como Toledo. Aunque Einstein dictaba sus conferencias en alemán, auxilado por el empleo de dibujos y anotaciones en pizarras, con lo que puede comprenderse que poca gente entendería mucho de lo que explicaba dado el nivel matemático empleado y la barrera del idioma, todos los actos programados lograron reunir a multitudes sorprendentes, que guardaban silencio observando los movimientos del genio alemán, mostrando sus rostros una curiosa mezcla de veneración y asombro. En palabras del propio protagonista, recogidas en sus impresiones escritas sobre su visita, le sorprendió la atención que el público prestaba, incluso a pesar de que “seguramente no han comprendido casi nada”. La reverencia hacia Einstein fue general, incluso por parte del Rey y la aristocracia, todos querían estar cerca del personaje del momento. Entre los académicos no fue menor el deseo de inmortalizar la visita. Se cuenta, por ejemplo, que el rector de la Universidad de Zaragoza pidió a Einstein que no borrara la pizarra al finalizar su conferencia en la Facultad de Ciencias, pues deseaba que se convirtira en un recuerdo perenne de tan especial visita.

Albert Einstein

¿Catedrático en Madrid? 

Pasados unos años de la visita de Einstein a España, el panorama político europeo no podía ponerse más negro. Hitler llegó al poder en Alemania y, como judío y pacifista, la situación del genio no parecía ser muy buena en un futuro cercano. Como tantos otros científicos, artistas y, en general, personas perseguidas por razón de sus creencias o su raza, Einstein tuvo que abandonar Alemania. Al suceder esto, medio mundo ofreció un puesto a quien había llevado la ciencia a una nueva revolución. No se trataba de un gesto puramente humanitario, pues contar con el gran Albert en una universidad haría que su prestigio creciera hasta el cielo de forma repentina. Lo intentaron los franceses e ingleses, también los estadounidenses que, finalmente, lograron su propósito. En España, también se intentó. Allá por 1933 desde el gobierno se gritó a los cuatro vientos que Einstein se quedarían en España, más concretamente como catedrático de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid, en un instituto de investigación que llevaría el nombre del sabio alemán. Sin embargo, aunque inicialmente Einstein pensó realizar estancias temporales en varias universidades del mundo, incluyendo Madrid en sus planes, decidió fijar su residencia en Princeton.

miércoles, 28 de enero de 2015

28 Enero 1907 Alfonso XIII inaugura el Monumento al General Martínez Campos en el Retiro



El Retiro es mágico, se mire como se mire, sus cascadas, su estanque, su palacio de cristal, su flora y su fauna, una gran colección de estatuas que se tornan monumento a cada paso que damos por este bello vergel...

Pero desde siempre, en el Retiro, ha existido una estatua que emociona profundamente, y es el retrato ecuestre de Arsenio Martínez Campos, de la mano del genial Mariano Benlliure.




Cuando te detienes a observar este monumento, el tiempo se congela, te sumerges en la historia, y formas parte de un batallón de combate que retorna a casa después de la dura pugna. El tiempo contenido y la soberbia planta del general, infunden respeto, amedrentan al enemigo e inspiran una falsa sensación de paz, solo interrumpida por los tambores de guerra.




Recrear tanta fuerza con la contención que lo hace Benlliure, sólo puede ser obra de un genio. Ensimismarse ante tal escultura es natural, es necesario, es una oportunidad única para encontrar en el metal la fuerza y la expresión, inherentes a la historia. Una invitación a la reflexión y al más claro ejercicio de observación.


Historia de un monumento

La idea de dedicar un monumento para enaltecer y honrar la figura del capitán general Arsenio Martínez de Campos y Antón surgió en 1888, a propuesta de los profesores Pedro Antonio Berenguer y José Ibáñez Martín de la Academia Militar, si bien no pudo iniciarse hasta la convocatoria del concurso realizada por una comisión presidida por el marqués de Cabriñana.

Boceto preparatorio

Nacido en Segovia en 1831 y fallecido en Zarauz en 1900, Martínez Campos destacó en los frentes de Aragón contra las tropas carlistas, en la guerra de África, en México, en Cuba, contra los insurrectos, y tras mostrar su servicio a la Primera República conspiró para reentronizar a los Borbón en la figura de Alfonso XII, proclamándose en Sagunto el 29 de diciembre de 1874. El éxito del golpe le convirtió en el militar más famoso de su tiempo, siendo nombrado en 1876 capitán general e incluso, tres años más tarde, presidente del gobierno conservador, aun cuando sólo lo sería por unos meses, a causa de sus enfrentamientos con Cánovas del Castillo. Después continuaría en la política, pero ya en las filas liberales, ocupando el ministerio de la Guerra en 1881, sin desatender su profesión militar.




La estatua fue realizada por suscripción popular, en la que participó la Familia Real, el Gobierno y el Ejército, el cual aportó las 21 toneladas de bronce fundidas en el taller barcelonés Masriera, siguiendo el proyecto del artista ganador del concurso, Mariano Benlliure, quien recibió 133.000 pesetas y la Gran Cruz del Mérito Militar por el mismo. Un modelo del monumento en bronce, a pequeña escala, se conserva en el Museo del Ejército. 




Fue inaugurado con asistencia del rey Alfonso XIII el 28 de enero de 1907 en este lugar del Retiro, donde se hallaba el estanque llamado de los Cisnes, si bien la plaza que lo rodea sería remodelada y embellecida tras la Guerra Civil, sustituyendo la barandilla metálica y ajardinamiento de su alrededor por una lámina de agua.




Se trata de una bella e imponente escultura ecuestre del famoso militar, resuelta con carácter realista, al que se le representa en posición de observación del campo enemigo, con la mirada viva y serena. Está ataviado con capa y gorra militar, con la mano izquierda en las bridas, la derecha sobre el muslo y los pies en las espuelas. Destaca la belleza del animal, con la cabeza hacia abajo y ladeada, y la pata trasera derecha levantada. El monumento está erigido sobre un alto pedestal, a modo de risco, huyendo de cánones clásicos, si bien siguiendo una estructura piramidal, que la aproxima al gusto modernista imperante.





El pedestal es un volumen macizo, constituido por tres cuerpos: el superior tratado rústicamente, con superficie rugosa, simulando una gran roca, y los dos inferiores de geometría prismática y textura lisa. 




En el frente principal, y en la parte inferior, se introduce una composición variada de restos militares, que aluden a la Batalla de los Castillejos, con una rueda de carro, rifles, un tambor, dos banderas, un cañón, e incluso guirnaldas vegetales. Sobre este grupo se yuxtapone en la roca la inscripción: AL GENERAL / MARTÍNEZ CAMPOS / MODELO DE PATRIOTAS Y SOLDADOS / ESPAÑA. La roca está tallada con relieves bélicos en su lateral derecho, representativos de sus campañas, indicándose en su base la inscripción yuxtapuesta: ÁFRICA / 1859 - 1860, mientras que en el izquierdo aparece la leyenda yuxtapuesta: CUBA / 1869 - 1870 – 1872 / 1878 – 1895 / CATALUÑA NORTE / 1873 – 1875 1874-1876 y en la base una lápida que expone: ERIGIDO / POR SUSCRIPCIÓN NACIONAL / VOLUNTARIA / INICIADA EL 5 DE DICIEMBRE / DE 1904 POR EL / MARQUÉS DE CABRIÑANA. En la parte posterior de la roca y en su base se indica con inscripción yuxtapuesta: INAUGURADO / POR S. M. EL REY DON ALFONSO XIII / 28 DE ENERO DE 1907.




Arsenio Martínez Campos

Mariano Benlliure

lunes, 5 de enero de 2015

5 Enero 1902 Alfonso XIII inaugura el monumento a Francisco de Quevedo

Monumento a Quevedo (1902) en la Plaza Alonso Martínez, al fondo Calles de Santa Engracia y Salesas Reales

Este monumento, ejecutado por el escultor tortosino Agustín Querol Subirats (1860-1909) y consagrada al insigne escritor madrileño Francisco de Quevedo Villegas (1580-1645), fue erigida por el Ayuntamiento de Madrid dentro del programa ideado por el alcalde Alberto Aguilera para conmemorar la jura del rey Alfonso XII al cumplir la mayoría de edad el año 1902, junto con las de Agustín Argüelles por José Martínez Alcoverro, Bravo Murillo por Miguel Ángel Trilles, Francisco de Goya por Mariano Benlliure, José de Salamanca por Jerónimo Suñol y Lope de Vega por Mateo Inurria; quedando sin realizar las proyectadas a los dramaturgos Ramón de la Cruz y Leandro Fernández de Moratín, y al arquitecto Ventura Rodríguez. Aunque el presupuesto previsto para cada una ascendía a 35.000 pesetas, que se aumentarían en 5.000 ptas más si era necesario, la estatua de Quevedo, encargada directamente a su escultor por Decreto del 7 de octubre de 1901, costó 65.000 pesetas a causa del elaboradísimo pedestal escultórico de piedra caliza con bajorrelieves y figuras alegóricas, obra también del propio Querol, que fue causa probable de los retrasos en su ejecución, por lo que el 5 de junio de 1902 sólo pudo ser inaugurada provisionalmente con un modelo en yeso ocupando el lugar de la estatua definitiva, volviendo a ocultarse con vallas hasta el 22 de octubre, en que se remató el conjunto; aunque nunca se instalaron los cuatro bajorrelieves de bronce alusivos a obras de Quevedo que debían ocupar los recuadros dejados expresamente para ellos en la parte baja del pedestal, como se deduce de las inscripciones que los coronan.




Originalmente la escultura se instaló en la plaza de Santa Bárbara, actual glorieta de Alonso Martínez, estando prevista su protección por una elegante verja de estilo modernista diseñada en consonancia con el monumento, que no llegó a colocarse. En 1963, por motivos de tráfico se trasladó a una isleta ajardinada en la glorieta dedicada al propio Quevedo, donde hasta entonces se alzaba el monumento al Dos de Mayo de Aniceto Marinas, que se reubicó en los jardines de Ferraz, enfrentado a la desembocadura de la calle de Eloy Gonzalo; aprovechándose la ocasión para sustituir por una copia el degradado pedestal original. Hacia el año 2000 se volvió a remodelar la plaza, recreando una rotonda central donde se instaló la escultura como remate de una fuente monumental formada por una meseta suavemente escalonada por la que se desliza el agua que brota bajo aquélla a un estanque circular punteado de pequeños surtidores, perdiéndose en la reforma el plinto escalonado con tres peldaños sobre el que antaño se alzaba, sustituido por una faja de realce placada en piedra negra que no favorece al monumento, al interrumpir el "derrame" naturalista del pedestal de forma artificiosa.


Boceto de la escultura por Querol, en 1901

Agustín Querol es autor de otras muchas obras en Madrid, como el monumento a Claudio Moyano en el arranque de la cuesta de su nombre, los mausoleos de Cánovas del Castillo en el Panteón de Hombres Ilustres y de la familia Guirao en la Sacramental de San Isidro, los grupos escultóricos que rematan el Ministerio de Agricultura (traspasados a bronce por el escultor Juan de Ávalos cuando el mármol original comenzó a disgregarse), o el inmenso grupo alegórico que decora desde 1903 el frontón de la Biblioteca Nacional, en cuyos jardines se expusieron hasta hace pocos años el bajorrelieve de San Francisco de Asís curando a los leprosos de 1887, que obtuvo Medalla de Oro en las exposiciones de Berlín, Munich y Viena, y el grupo Sagunto, que ganó la de Honor en la Exposición Nacional de 1906.



El pedestal esta formado por un plinto prismático con planta de cruz griega decorado con motivos vegetales, con cuatro recuadros rehundidos en los testeros sobre los que campean sendas inscripciones alusivas a unos bajorrelieves que reflejaban los principales géneros que trabajó Quevedo, y que nunca llegaron a colocarse: al frente, mirando al Sur, se lee GRAN TACAÑO en referencia a la novela satírica “Vida del Gran Tacaño”; al Este, PODEROSO CABALLERO (…)S D DINERO por el poema homónimo, representando la Lírica; en la cara trasera al Norte, MARCO BRUTO de la “Historia de Marco Bruto”, como la Historia; y al Oeste, SANTO TOMÁS de la “Vida de Santo Tomás de Villanueva”, por la narrativa en Prosa. 





Sobre este primer cuerpo, descansa uno de mayor tamaño decorado con cuatro figuras femeninas alegóricas entrelazadas en un torbellino en torno al mismo, comenzando por una agitada representación alada de la Sátira, con el torso desnudo, cuyas alas desbordan el marco del pedestal, y que sostiene en la mano derecha una lira que transfiere a la Poesía, vestida con túnica y de pie sobre la inscripción correspondiente a su género, que la recoge también con la diestra, mientras con la izquierda –que sostiene una pequeña figura desnuda– alcanza a tocar el libro abierto que sostiene la Historia, también vestida y sentada en el centro de la cara trasera –bajo la fecha 1580 de nacimiento del escritor–, escuchando estática a la Prosa, que completamente desnuda se inclina hacia ella llevándose la mano izquierda a la boca a modo de tornavoz, mientras con la diestra levanta en alto lo que parece una antorcha con la que casi toca la mano izquierda –que sujeta una palma– de la Sátira del principio. 





Coronando el conjunto, sobre un plinto naturalista con el apellido QUEVEDO labrado en el frente y la firma del escultor A. Querol en el costado izquierdo, descansa la arrogante figura del escritor: con melena, bigote, perilla y los característicos anteojos llamados “quevedos” en su honor –magistralmente representados–; de pie, descansando el peso en la pierna derecha y la izquierda levemente adelantada, vestido como caballero a la usanza de su época, con la cruz de Santiago en el pecho, espada –hoy rota– y capa corta que recoge con la diestra mano, en la que lleva una pluma, mientras con la izquierda guarda en el cinto un billete plegado y arrugado, quizá como referencia a los famosos memoriales dirigidos al rey que tantos problemas le causaron.

jueves, 2 de octubre de 2014

2 Octubre de 1910 se inaugura el Hotel Ritz

El edificio es inaugurado por el rey Alfonso XIII el domingo 2 de octubre de 1910 en compañía de los ministros y representantes de la alcaldía de Madrid (siendo alcalde José Francos Rodríguez). 



El Hotel surge de una necesidad hostelera creciente de la ciudad de comienzos del siglo XX. Los periódicos de la época resaltan el sitio en el que se ha construido como el más sano y tranquilo de Madrid. El emplazamiento elegido era antes un descampado, ocupado por algunos barracones (pertenecientes al Circo Hipódromo) así como de los jardines del antiguo Teatro Tívoli. Todos estos terrenos pertenecieron anteriormente a los jardines del Retiro de Madrid.

Orígenes

Se inició el estudio de la construcción del hotel a instancias del rey Alfonso XIII quien, a la vuelta de una gira por Europa, se percató de que la Corte española carecía de un hotel con la dignidad suficiente para recibir a la realeza europea y demás visitantes ilustres. Su idea era que Madrid contase con un hotel a la altura de los hoteles Ritz de Londres y de París. Su propia boda con Victoria Eugenia de Battenberg fue la excusa para dotar a Madrid con un hotel de lujo, el primero de la capital española. El mismo Rey aportó parte del capital, junto a otros personajes de la sociedad madrileña, y encargó a la Ritz Development Company su construcción, siendo diseñado y construido bajo la supervisión personal del famoso hotelero César Ritz, de quien adoptó el nombre. La idea inicial era que el mismo César Ritz se hiciera cargo del Hotel de Madrid, pero desde 1902 sufría de depresión y finalmente contribuyó a su muerte en 1918. En el Madrid de comienzos del siglo XX existían ya algunos hoteles, uno de ellos el recién estrenado Grand Hôtel de París ubicado en plena Puerta del Sol, a pesar de todo no era considerado un hotel de lujo. Aunque hubiera un deseo expreso de Alfonso XIII apoyando su construcción, alguno de los políticos de la época mostraron una fuerte oposición al proyecto, uno de ellos fue el concejal del Ayuntamiento de Madrid Francisco Largo Caballero (posteriormente será Diputado en Cortes y Presidente de la República) alegando que la altura del edificio proyectado no era la permitida por las leyes de urbanismo estipuladas para esta zona. Finalmente el proyecto logró salir adelante.

Diseño y construcción

El suntuoso edificio fue proyectado en 1908 por el arquitecto francés Charles Frédéric Mewes y construido en el periodo (1908-1910) bajo la dirección del español Luis de Landecho. Se trata de uno de los primeros edificios madrileños que emplea en su construcción el hormigón armado. Las obras de construcción se concluyeron el 14 de mayo de 1910. Las empresas españolas y extranjeras más afamadas de la época contribuyeron en la decoración de sus salas. Las alfombras se tejieron en la Real Fábrica de Tapices, la mantelería fue encargada a firmas irlandesas, el mobiliario fue encargado a Lissarraga y Sobrinos, los espejos a Pereantón. La vajilla de Limoges y lacubertería de plata inglesa de la casa The Goldsmiths. Se inauguró con una gran fiesta el día 2 de octubre de 1910, y rápidamente se convirtió en uno de los referentes de la vida social y cultural de la capital. El primer consejo de administración era presidido por Luis de Cuadra y Raúl marqués de Guadalmina. El primer gerente del hotel fue Antonio Mella, que poseía la experiencia de la gerencia anterior de los Hoteles Ritz de París y Londres. Su mujer le ayudó en la gestión del Hotel haciéndose cargo de los servicios de cuartos y de ropa. Pronto acapararía la atención de la sociedad madrileña de la época, hasta que años después se construya en frente el Hotel Palace.
La aparición del Ritz transformó algunas de las costumbres populares que eran uso habitual en la sociedad madrileña desde siglos atrás. A finales del siglo XIX era habitual entre la aristocracia española servir como meriendachocolate caliente servido en jícaras (pocillos) y en mancerinas elegantes (véase: Historia del chocolate en España). Los nuevos usos venían de la mano de este nuevo tipo de instituciones hosteleras, que traían nuevas modas. La costumbre de tomar  se comenzó a instaurar en Madrid con la novedad introducida por los salones de té del Ritz. Se hicieron famosas las comidas de los lunes en el Ritz, publicadas en las "notas de prensa" de los periódicos madrileños de la época. Tras los lunes elegantes se anunciaban los martes de monsieur Chaquet. Se hicieron famosas igualmente las tardes del Ritz en las que se bailaba en sus salas un baile de moda: el fox-trot. La Primera Guerra Mundial y el papel neutral de España atrajo a numerosos personajes de la aristocracia que necesitaban de los servicios de un Hotel como el Ritz. La afluencia de estos personajes aumentó el glamour inicial del Hotel, muchos de ellos empleaban sus salas como base de operaciones. Entre los visitantes ilustres se encuentra la llegada en octubre de 1916 de la espía internacional (en calidad de doble agente) de origen holandés Margaretha Geertruida Zelle, conocida también con el sobrenombre de: Mata Hari. Se instaló en el Ritz, en su segundo viaje a Madrid, con el nombre de Condesa Masslov y opera en el Hotel hasta enero de 1917, poco antes de su muerte.Otra espía menos popular se alojaba en el Ritz, Marthe Richard, que operaba al servicio del gobierno francés.El primer maître del Hotel fue Olivier un cocinero natural de Pau, muchos de los primeros platos servidos en los orígenes eran claramente de cocina francesa y algunas preparaciones inspiradas en el famoso cocinero y gastrónomo George Auguste Escoffier. La oferta gastronómica de la ciudad, anteriormente a la aparición del Ritz, pasaba por las cocinas del Grand Hôtel de París de la Puerta del Sol, de La Maîson Imperiale (que posteriormente se convirtió en el Hotel Imperial), el Touriné, el Genieys y el ya conocido en la sociedad madrileña de la época: Lhardy (ubicado en la carrera de San Jerónimo). Todos los cocineros en estas eran cocinas eran influenciados claramente por la cocina francesa, muy de moda en la época. El primer cocinero del Ritz fue el español Félix Ruiz del Castillo, éste ya poseía experiencia en grandes Hoteles de París e Inglaterra. Otro de los primeros cocineros alcanzó la fama en la historia de la cocina española y es el cocinero aragonés Teodoro Bardají, el hotel financió la publicación de su primera obra La cocina de ellas". Las habitaciones de estos primeros días alcanzaban el coste de veinte pesetas al día.
En 1926, apenas quince años tras la inauguración del hotel, la gestión del hotel pasó al belga Georges Marquet que adquirió el hotel. Esta adquisición tuvo su continuidad en una saga familiar Marquet que alcanzó hasta el nieto que finalmente en el año 1978 vende el Hotel de nuevo. A Georges Marquet se le debe la construcción también del Palace y del Palacio del Hielo. Fue en 1926 cuando Salvador Dalí, que en aquella época vive en la Residencia de Estudiantes, entra en el Ritz con la intención de cortarse el pelo y tomarse un cocktail. Era costumbre que posteriormente, cuando venía el pintor a Madrid y se alojara en el Hotel, una de las cuatro esquinas del restaurante fuese reservada a la pareja. Figura entre los primeros consejos de dirección del Hotel un nombre que posteriormente se introduciría en la política española de la época. El día 8 de enero de 1932 figura en el consejo José Antonio Primo de Rivera. Poco tiempo después José Antonio tuvo que abandonar su puesto de consejero para atender las obligaciones políticas. Es en esta época en la que se forman los nuevos barmans de Madrid, un ejemplo es Perico Chicote que abrirá su Museo Chicote. Otro de los barman salidos del restaurante es Clodoaldo Cortés que se hizo posteriormente con el restaurante de lujo madrileño Jockey.

La Guerra Civil y la postguerra

El hijo de Georges Marquet (Georges Marquet Delina) continuó a cargo del mismo hasta el final de la Guerra Civil y algunos años posteriores. Su periodo de gobernación estuvo marcado por una estricta observación de la etiqueta. Una afección cardiáca hizo finalmente que se encargara del hotel su esposa: Madame Marquet. En los primeros instantes tras la guerra civil, los moradores de palacios y casas lujosas de la capital y que fueron devastados por la contienda, regresaron y se alojaron temporalmente en el Hotel. En el periodo de Postguerra española, que coincidió con los inicios de la Segunda Guerra Mundial, el nuevo gobierno de España apoyaba a Alemania. Se puso a cargo del Hotel el gerente Conrado Kessler hasta 1945. Durante su mandato se abordó la reparación del Salón Real. Los visitantes eran otros, entre ellos: el mariscal Pétain, Galeazzo Ciano (yerno de Mussolini), Heinrich Himmler. La visita acordó la cooperación española en la Segunda Guerra Mundial, mediante el envío de la División Azul. Un asiduo visitante de la época de Postguerra era también José Millán-Astray. Ya en los cincuenta el Hotel recibe la visita de Alexander Fleming. El 11 de junio de 1948 reside en el Hotel e inicia una visita plagada de acontecimientos.Ya a comienzos del año 1936, la ciudad de Madrid era eco de las protestas y revueltas que desembocarían en la Guerra Civil Española. Madrid fue leal al gobierno de la Segunda República y desde finales de 1936 Madrid se convirtió en un frente de batalla. En el transcurso de la defensa de Madrid el Hotel fue empleado como Hospital de Sangre y algunos de sus empleados colaboraron en sus funciones hospitalarias. En la habitación 27 del primer piso murió el 20 de noviembre de 1936 el famoso anarquista Buenaventura Durruti, herido de bala durante la batalla de la ciudad Universitaria. La muerte del anarquista español hizo que su fachada se llenase de banderas de la CNT.


Declive de los años setenta

Tras madame Marquet, el nieto de Georges Marquet se hizo con la gestión hostelera familiar. Estaba poco motivado por el negocio familiar de hostelería, e inició un periodo de decadencia a mediados de los años setenta. Algunas de las actividades y servicios tradicionales del Hotel cesaron, por ejemplo la tradicional cena de nochevieja, el jardín ya no se empleaba como comedor y la reposición de vinos en la bodega cesó. El nieto de Georges Marquet era aficionado a la filatelia y decidió adquirir una importante colección de sellos. El dinero fue tomado directamente de la sociedad, algo que irritó a algunos accionistas. A finales de los setenta, ya 1978 el alcalde de Barcelona Enrique Massó adquiere los dos Hoteles: Palace y Ritz. Massó creó posteriormente con algunos amigos la sociedad Nacional Hostelera con sede en Madrid. El montante de la operación alcanza los cuatrocientos millones y se formaliza en Bruselas, uno de los prestamistas iniciales para la ejecución de la compra fue la Banca Rothschild. Esta operación fue vista con recelo por parte de algunos de los periódicos de la época, como lo fue El Caso. El Hotel fue acomodo de los visitantes al sepelio de Francisco Franco a finales de 1975.
A comienzos de la década de los ochenta se sabía que el empresario, accionista mayoritario del Ritz, tenía intenciones de vender los dos hoteles. El Ritz se componía de dos sociedades: Ritz S.A. y el Restaurante Ritz. El Hotel era una sociedad que proporcionaba beneficios, mientras que el restaurante arrojaba unas pérdidas cuantiosas. Algunos de los pretendientes iniciales a la compra fue el holding Rumasa, siendo finalmente adjudicada a la multinacional inglesa Trusthouse Forte (THF). El grupo Forte nació en la década de los cincuenta en Regent street y era en los ochenta una de las multinacionales hosteleras más importantes con casi 800 hoteles repartidos en setenta países. Una de las primeras acciones de THF fue la de unificar la sociedad del Hotel con el Restaurante, contó con la resistencia de algunos de los empleados. En 1982 pone a cargo del Hotel al gibraltarense John M. Macedo y con él se inicia una inversión en el Hotel con el objetivo de retomar la posición destacada que había perdido. A pesar de este lustro de intentos de dar al Hotel una visión más cosmopolita, las luchas legales en 1995 con el grupo televisivo inglés Granada. Tras varias luchas legales y financieras, en 1996 el grupo Granada se hace con el poder de Forte y pone a la venta los dos hoteles de nuevo.

El siglo XXI

En 1991 acogió reuniones paralelas de la Conferencia de Paz de Oriente Medio en Madrid. Las cocinas del Ritz comienzan a ofrecer platos de la cocina española de la mano del chef Javier Aldea, mostrando algunas de las especialidades de sus regiones. El hotel invita periódicamente a chefs españoles regionales a Madrid que para presentar y promover sus platos. En 1999 el Ritz fue considerado por la revista Travel & Leisure como uno de los diez mejores hoteles del mundo. El grupo francés Le Meridien realiza su completa rehabilitación en 2001, y el grupo norteamericano Orient-Express se hace cargo del emblemático establecimiento en 2003. En 2014 la compañía cambió su nombre a Belmond.com Ltd.


Características

El hotel se encuentra en un espacio cercano al Museo del Prado (y el Museo Thyssen-Bornemisza), al Retiro y al Jardín Botánico. La entrada principal del hotel se encuentra mirando a la Plaza de la Lealtad. El hotel posee dos restaurantes, uno informal que se encuentra en el jardín y el otro, más formal se denomina: Restaurante de Goya se extiende al piso superior de la terraza. Se trata de un hotel de cinco estrellas.
Se trata de un edificio de seis plantas con fachadas sencillas de estilo afrancesado. Las fachadas han sido declaradas monumento nacional. Con sus 137 habitaciones y 30 suites, sus amplios salones y su jardín, ya desde sus orígenes era considerado un Hotel de lujo, siendo frecuentado por la realeza europea en sus visitas a España. El Hotel posee un íntimo jardín en su chaflán. La terraza y jardín del hotel Ritz by Belmond, Madrid se encuentra cercada con una valla de hierro y se accede desde varias posiciones, una de ellas es desde el Restaurante de Goya.

Decoración

Los cuartos están decorados de forma individual, los cuartos de baño se acaban en mármol. Las alfombras y tapices de gran parte de las salas fueron elaboradas en la Real Fábrica de Tapices. Las salas decoradas con columnas rememoran en algunas ocasiones la Belle Epoque.


Curiosidades

Durante su historia se han sucedido en él innumerables anécdotas y visitas de personajes históricos, desde Ernest Hemingway a Gracia de Mónaco y Rainiero (que celebraron su luna de miel en una suite del Ritz), o estrellas del cine y la música como Ava GardnerMichelle PfeifferMadonna y Duran Duran, entre otros muchos.
  • Existe la leyenda de un código interno entre los empleados del Hotel a la hora de seleccionar a sus potenciales clientes y sugerirles su estancia en el Palace. A este código se le denomina con las siglas: NTR (No Tipo Ritz). Esta férrea observancia del protocolo se hizo durante la época de Georges Marquet Delina (hijo del fundador) y tras él, lo estricto de su selección se hizo leyenda.
  • La regla no escrita de no admitir a artistas (y toreros) como clientes del hotel hizo que en los cincuenta el actor James Stewart fuera rechazado, pero éste enseñó su placa de coronel y dijo que venía en calidad de militar del Ejército Estadounidense, por lo que tuvo que ser admitido. Sobre el veto a los actores hay ejemplos mencionados por Fernando Fernán Gómez (El viaje a ninguna parte) y Sara Montiel (Memorias). Esta leyenda puede corroborarse por otros ejemplos de admisión a actores.
  • Las normas de etiqueta en el vestir se hicieron sentir en los clientes, los hombres no podían entrar sin vestir corbata. Hasta 1975, no se permitió a las señoras en pantalones.