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sábado, 27 de diciembre de 2014

27 Diciembre 1870 el General Prim sufre un atentado que le costará la vida




La carrera del general Prim fue de una brillantez excepcional. Nacido en Reus, Tarragona, en 1814 en el seno de una familia liberal, tuvo una actitud destacada en la primera guerra carlista. En 1841, fue elegido diputado progresista por Tarragona y al producirse la caída del general Espartero fue nombrado gobernador militar de Barcelona. En el curso de las décadas siguientes simultaneó con rara habilidad la política con la milicia. Capitán general de Puerto Rico (1847-1848), capitán general de Granada (1855-1856), teniente general en la guerra de Marruecos (1859-1860) —lo que le valió el título de grande de España y el marquesado de los Castillejos—, jefe de la expedición española a México para ayudar al emperador Maximiliano (1861)... cinco años después se había sumado a las filas de los conspiradores que buscaban el destronamiento de Isabel II. El 19 de septiembre de 1868, después de proclamar el manifiesto España con honra, apoyado por Práxedes Mateo Sagasta y Manuel Ruiz Zorrilla, con la ayuda de Francisco Serrano Bedoya y Juan BautistaTopete, desembarcó en Cádiz. A la caída de Isabel II, Prim fue nombrado ministro de la guerra y muy pronto, en junio de 1869, asumió la presidencia del Gobierno aunque sin abandonar las mencionadas funciones ministeriales.


Retrato de Juan Prim por Luis de Madrazo


Defensor de la monarquía constitucional, a él se debieron las gestiones para encontrar un rey no Borbón que ocupara el trono de España. Finalmente, presentó la candidatura de Amadeo de Saboya, que las Cortes aceptaron en el mes de noviembre de 1870. Precisamente en ese momento esencial de la Historia española, Prim sufrió el atentado.




En contra de lo que se suele creer y de lo que proclamaba la coplilla infantil, el general Prim no murió en la calle del Turco —hoy Marqués de Cubas— donde se perpetró el atentado. Quedó muy malherido, eso sí, pero ayudado por sus sirvientes consiguió llegar hasta su dormitorio sito en su residencia del palacio de Buenavista. Había sido aquella tarde de mucho trabajo dedicado en las Cortes a discutir el sueldo de Amadeo de Saboya, el futuro monarca que el día anterior había partido de Génova, a bordo de la fragata española Numancia, para llegar a España. Antes de abandonar el hemiciclo, Prim fue requerido sucesivamente por dos masones para que acudiera a una reunión que celebrarían los hermanos en el hotel Las cuatro naciones, de la calle Arenal. Prim se excusó diciendo que tenía mucho trabajo —se había distanciado de la masonería considerablemente en los últimos tiempos— y atendió al gobernador civil de Madrid que vino a referirle detalles de una conjura republicana contra su persona.




Finalmente, logró subir al coche de caballos en compañía de Sagasta y de Herreros de Tejada. Ya se hallaban los tres instalados cuando los citados acompañantes recordaron que tenían que hacer "otra cosa" y dejaron solo al general en el vehículo. Al doblar el coche por la esquina de la calle del Sordo, el comandante Moya, que iba con Prim, vio cómo un hombre encendía un cigarrillo y cuando entraban por la calle del Turco contempló un gesto similar en otro peatón. La circunstancia le llamó la atención porque nevaba y hacía mucho frío y no parecía que se tratara del momento más adecuado para fumar. Unos instantes después una berlina cortó el paso del coche de Prim, y Moya apenas tuvo tiempo de gritarle que se lanzara al suelo porque iban a disparar sobre ellos. Efectivamente, primero abrieron fuego sobre el cristal derecho destrozando la mano diestra del general y luego desde el izquierdo causando un impacto en el hombro izquierdo y el pecho. Previamente, una voz había anunciado a Prim que iba a morir, voz que el general identificaría con la de Paúl y Angulo, periodista y enemigo suyo.


Localización del atentado. Al fondo el Instituto Cervantes en plena calle Alcalá


Durante tres días se pensó que Prim, que incluso había bromeado al despojarse de la ropa ensangrentada, sobreviviría. Lo cierto es que su existencia sólo se alargó hasta que tuvo noticias de que el Numancia había llegado al puerto de Cartagena. Comentó entonces: "El rey ha llegado… y yo me muero". A las ocho y cuarto del 30 de diciembre expiraba. Su funeral vino acompañado de una manifestación multitudinaria de dolor público.




Su muerte había sido preconizada en los tiempos anteriores desde las páginas de El Combate por el periodista jerezano José Paúl y Angulo, partidario de matar a Prim "como a un perro". Paúl y Angulo no había estado solo en sus pretensiones. De hecho, a mediados de diciembre, Gutiérrez Gamero recibió en la sede de la Bolsa de Madrid la visita de un republicano que le avisó de que Prim iba a ser asesinado. El gobernador civil de Madrid, Ignacio Rojo Arias, le confirmó las noticias y le confesó consternado que el general Prim se encolerizaba cada vez que se veía acompañado por un escolta. Que no eran pocos los enemigos que buscaban arrebatarle la vida a Prim constituía, por lo tanto, un secreto a voces pero ¿quién dio la orden de asesinar a Prim?.


Momia del General Prim estudiada en 2012


Las candidaturas a tan dudoso honor han sido diversas. Por supuesto, se ha apuntado a los negreros —que temían que Prim acabara con su negocio— y a los masones que habían ido contemplando cómo la amistad con el general se enfriaba y temían verse desplazados en la nueva monarquía. Quizá, se ha pensado, la invitación para acudir a la cena la noche del atentado fue un último intento por mantenerlo a su lado y salvarlo. Rechazado, sólo le esperaba la muerte. Desde luego, no cabe duda de que los conspiradores eran importantes porque buen número de los asesinos a pesar de conocerse su identidad pudieron escapar de España gracias a "misteriosas ayudas". El sumario —18.000 folios— estuvo lleno de irregularidades como demostró en su día Antonio Pedrol Ríus en su riguroso estudio del mismo. Ahora bien, determinadas responsabilidades resultan difíciles de negar. Por ejemplo, que existió una participación republicana no puede dudarse. Paúl y Angulo formaba parte de la misma y, efectivamente, fue uno de los que abrió fuego sobre el general.


Un largo historial de presidentes asesinados


Sin embargo, los republicanos quizá no pasaron de ser "tontos útiles" en la conjura. Por encima, se encontraban el general Serrano —envidioso de la suerte de Prim— y, sobre todo, el duque de Montpensier que ambicionaba la corona española y al que un duelo colocó fuera de la lista de aspirantes. Montpensier, que aborrecía a Prim y que quizá fue el más culpable, resultó posiblemente el más beneficiado. Finalmente, su hija Mercedes contraería matrimonio con Alfonso XII y llegaría a reina de España. Por lo que a la nación se refiere, su destino no pudo ser más aciago tras el asesinato del general. Cánovas del Castillo tuvo noticias del atentado de Prim cuando estaba cenando y no dudó en señalar que aquello sería el inicio del caos. No se equivocó. La monarquía del joven Amadeo —tan sólo treinta años de edad tenía al llegar a España— fracasó y tras ella se produjo la desastrosa primera república que desembocó, de manera obligada, en una restauración borbónica. Concluía así un sexenio —el denominado revolucionario— en el que España pasó de ser famosa por su talante pacífico y avanzado al derribar incruentamente a Isabel II a arrastrar el sambenito de la ingobernabilidad.


Firma de Prim




Documento Sábado 3 Julio 1886 sobre el suceso: 

Película realizada por Televisión Española: 

domingo, 16 de noviembre de 2014

16 Noviembre 1870 las Cortes proclaman a Amadeo de Saboya rey de España

Merced al apoyo del sector progesista de las Cortes, Amadeo I fue elegido el 16 de noviembre de 1870, aceptando formalmente la adjudicación de la corona. 
Juraría la constitución en Madrid el 2 de enero de 1871.


Embarque del rey Amadeo en el puerto de La Spezia, Italia en 1870, obra de Luis Álvarez Catalá


El reinado de Amadeo I fue el primer intento en la Historia de España de poner en práctica la forma de gobierno de la Monarquía parlamentaria («monarquía popular» o «monarquía democrática», como se la llamó en la época), aunque se saldó con un sonoro fracaso ya que sólo duró dos años.

Amadeo I junto al cadáver de Prim, obra de Antonio Gisbert (1870)

Entre las razones del fracaso se suele aducir el hecho de que el mismo día de la llegada a España del nuevo rey moría en Madrid el general Prim, víctima de un atentado que se había producido tres días antes. Prim, además de ser el principal valedor del nuevo monarca, era el líder del Partido Progresista, la fuerza política más importante de la coalición monárquico-democrática y cuya muerte abrió la pugna por la sucesión entre Práxedes Mateo Sagasta y Manuel Ruiz Zorrilla que a la larga acabó provocando la «traumática descomposición» de aquella coalición destinada a ser el sostén de la monarquía amadeísta.

Prim, Serrano y Topete subastan la Corona españolaLa Flaca (1869)

Por otro lado, la monarquía de Amadeo I no consiguió integrar a los grupos políticos de oposición que no reconocían la legitimidad del nuevo rey y que siguieron defendiendo su propio proyecto político —la República, la monarquía carlista o la monarquía alfonsina—. El reinado deAmadeo I forma parte del período del Sexenio Democrático (1868-1874), que comienza con la Revolución de 1868 y que termina con la también fracasada Primera República Española (1873-1874).

Caricatura de La Flaca de agosto de 1869 en la que aparece el político neocatólico Cándido Nocedal como Sancho Panza y el pretendiente carlista Carlos VII como Don Quijote. La Iglesia Católica aparece como telón de fondo

Desde el primer momento su reinado se perfila difícil. Fue el apoyo de Prim y de los congresistas lo que le hizo llegar al trono. Sin embargo, el asesinato de Prim antes de la llegada del rey le privó de su mejor baluarte. Parece que fueron los republicanos los que inducen a este asesinato, temerosos de que se vean afectados los intereses de los comerciantes españoles en Cuba cediendo el gobierno a la presión de E.E.U.U. de abandonar la isla. Aunque son algunos los que acusan al entorno del Duque de Montpensier, pues es sabida la animadversión de Prim a su candidatura.

Amadeo I. Vicente Pamaroli

Desconocedor de la lengua, de personalidad frágil y sin carisma, Amadeo no acaba de ser aceptado por la nobleza y la Iglesia, y apenas tiene el respaldo de sectores industriales y comerciantes, pues la creciente conflictividad social, la persistencia de la crisis económica y la inestabilidad política también apartarán otros sectores económicos de la corona.

Amadeo I y su esposa María Victoria del Pozo

Sólo contó con el apoyo del partido progresista, cuyos jefes se sucedieron en el gobierno y obtuvieron la mayoría parlamentaria gracias al fraude electoral. Los progresistas se escindieron en constitucionales y radicales, con lo que la inestabilidad aumentó, y en 1872 las actuaciones violentas llegaron al límite. Los carlistas se levantaron en las regiones del norte y catalana, y a partir de ese momento las insurrecciones republicanas tuvieron lugar sucesivamente en varias ciudades. Ante la imposibilidad de seguir gobernando sin ningún tipo de apoyo, decidió dimitir, anunciando su abdicación a la Corona española.


El detonante que puso fin a la dinastía Saboyana fue el verse obligado a firmar la disolución del cuerpo de artillero. Así, y después de haber vivido un reinado de muchas tensiones, el rey firmaba su acta de abdicación el 11 de febrero de 1873. Ese mismo día, sobre las diez de la noche, se proclamó la república y Amadeo I se dirigió por última vez a las Cortes españolas en donde calificó a los españoles de ingobernables.



Totalmente desengañado, el monarca abandonó España para regresar a su país natal, donde tomó posesión del ducado de Aosta. Allí pasaría el resto de sus días hasta que falleció, víctima de una bronconeumonía, el 18 de enero de 1890 en la ciudad que le vio nacer. Su cuerpo fue sepultado en la iglesia de Superga, el panteón real de Turín.