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jueves, 29 de enero de 2015

29 Enero 1851 fallece Pedro de Alcántara, príncipe de Anglona y director del Museo del Prado

Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Pimentel (1776-1851), también conocido como el príncipe de Anglona, fue un destacado militar activo durante la Guerra de la Independencia Española. Fue director del Museo del Prado de 1820 a mediados de 1823, año en el que se ve obligado a exiliarse a Italia tras la invasión de España por parte de las tropas del duque de Angulema. En 1840 fue nombrado gobernador y capitán general de Cuba. Fue asimismo director de la Real Academia de San Fernando de 1849 a 1851, cargo que ostentó hasta su muerte.


Hijo menor de Pedro de Alcántara Téllez-Girón, IX duque de Osuna y María Josefa Pimentel y Téllez-Girón, ambos importantes mecenas de las artes y las letras españolas de la época. Francisco de Goya les hizo de la familia el retrato Los duques de Osuna y sus hijos que se encuentra en el Museo del Prado.

Los duques de Osuna y sus hijos, por Goya (1788). El hijo menor, Pedro, está sentado sobre un cojín a los pies de su madre.

Bajo las órdenes del duque del Parque, estuvo luchando en Salamanca al mando de una división de caballería durante las batallas de Tamames (1809), y Alba de Tormes (1809) y, más tarde, bajo las órdenes de Manuel la Peña en la Batalla de Chiclana (1811).

Duque del Parque

El 30 de octubre de 1812, en plena Guerra de la Independencia, fue enviado por las Cortes de Cádiz a arrestar al general Francisco Ballesteros, jefe del 4º Ejército, quien, a principios de ese mes, había llamado a la rebelión en protesta por el nombramiento de Wellington como generalísimo del Ejército de España.

General Francisco Ballesteros

En septiembre de 1813, al mando de una división del III Ejército, llegó para participar en el sitio de Pamplona. A principios de 1814, ya estaba al mando de ese mismo ejército, con 21 000 efectivos, y en abril de ese año cruzaron los Pirineos para ocupar Pau.


Jardín Príncipe de Anglona


El jardín estuvo es su día anexo al llamado Palacio del Príncipe de Anglona, uno de los muchos propietarios que tuvo el lugar desde el siglo XVI, cuando se ocupó el solar por un grupo de casas pertenecientes a los Vargas. El jardín hacía las veces de lugar de recreo y esparcimiento del Palacio, de ahí que tuviese acceso privado desde el mismo. 


Las primeras trazas conocidas del jardín se remontan a 1761 y se atribuyen a Nicolás Chalmandrier. Su morfología debió ser neoclásica, con un trazado geométrico y regular basado en ejes que partían de la residencia vecina. Constituye una muestra excepcional de jardín nobiliario del siglo XVIII. En 1920, sus dueños en aquel momento, los Marqueses de la Romana, encargaron su reforma y transformación a Javier de Winthuysen. A él se debe en mayor medida su aspecto actual, de aire más romántico y ciertas reminiscencias hispanomulsumanas, como esta fuente de taza baja que recuerda a ejemplos similares de la Alhambra o el Generalife. 


El espacio ajardinado terraplenado del jardín ocupa una superficie plana aproximada de 500 m2 y salva el fuerte desnivel existente entre la Plaza de la Paja, desde donde se accede, y la calle de Segovia, a una cota inferior. Altos muros ocultan al exterior el apacible y umbroso ambiente interior. Queda dividido el jardín en tres áreas diferenciadas, dos de ellas caracterizadas por la presencia de sendas fuentes. En el sector principal visible desde el acceso y en forma de jardín de crucero, se enfatiza su centro y el cruce de ejes mediante una fuente de taza elevada sobre una columna torsa, correspondiente a la última reforma del jardín efectuada por Lucía Serredi. Por lo que respecta a las plantaciones, además de setos bajos de boj, praderas y plantas de temporada, el jardín dispone de buenos ejemplares de árboles, de alto porte que le añaden frondosidad y sombra, y de frutales y arbustos que le aportan variedad y color.


A finales del siglo XX el conjunto sufrió abandono, hasta que en 1990, el Ayuntamiento de Madrid, ya propietario del jardín, encargó su restauración a la paisajista italiana afincada en Madrid, Lucía Serredi. Tras su restauración fue abierto al público en 2002. 


Aunque sevillano de nacimiento y de origen holandés, Javier de Winthuysen Losada (1874-1956) desarrolló su doble dedicación de pintor y jardinero paisajista sobre todo en Madrid. Figura intelectual muy activa durante la II República, se le considera miembro de la Generación del 98. Publicó en 1930 Jardines clásicos de España, libro capital que puso de relieve la riqueza de la jardinería española, la única que, según él, agrupa toda la historia de los jardines desde el medievo. Denunció las podas abusivas de árboles y la destrucción de pinares y espacios arbolados en la capital, así como lo inadecuado del uso indiscriminado del césped en nuestro clima. Como creador y restaurador de jardines, destaca sus intervenciones en los jardines de Monforte en Valencia y en los de la Residencia de Estudiantes, del Palacio de la Moncloa y muchos otros privados en Madrid.


El jardín está conformado por tres zonas diferenciadas, la principal de ellas con la clásica forma de cruz que delimita cuatro parterres. Más allá de una pérgola de rosales que delimita este primer sector y en su lado sur, otra zona rectangular menor y de forma alargada se extiende entre la propia pérgola y la tapia de borde del jardín con la calle Segovia. Su trazado es asimismo regular, aunque sin vinculación geométrica con el resto del jardín, realizada a base de compartimentos que definen una glorieta circular, en cuyo centro se halla esta fuente baja. 

Jardín del Príncipe de Anglona, obra de José Manzanaro del blog Madrid a trazos

Localización del Jardín del Príncipe de Anglona en el Barrio de la Latina

miércoles, 19 de noviembre de 2014

19 Noviembre 1819 el Museo del Prado abre al público

El Museo del Prado es inaugurado con ocasión de la boda de Fernando VII con María Josefa Amalia de Sajonia.
El germen del museo se suele datar en el siglo XVIII, época en la que se sucedieron varias propuestas (de ministros del gobierno y artistas) para la creación de un centro que albergase fondos selectos de lasbellas artes. Pero ya en épocas anteriores se había impuesto la convicción de que la Colección Real entrañaba singular importancia en el contexto europeo. De hecho, ya hacia 1651, Velázquez intervino en la redecoración de varias estancias del monasterio de El Escorial, con el propósito de exhibir una selección de obras en atención a los visitantes extranjeros que acudían en número creciente.


La idea de un museo de artes en España propiamente dicho surgió del rey Fernando VI, alrededor de 1757. Sin embargo, al año siguiente, Bárbara de Braganza, reina consorte y principal impulsora del museo, falleció, y el rey se sumió en una depresión que le llevó a la muerte en 1759. Carlos III, hermano de Fernando y su sucesor en la Corona española, abandonó el proyecto de su antecesor y en cambio tomó el de la construcción de un Museo dedicado a las ciencias naturales, para el que encargó a Juan de Villanueva la construcción de la actual sede del Prado. Las obras se desarrollaron a buen ritmo, aunque dicho rey no llegó a verlas concluidas.


Fue en tiempos de su hijo, Carlos IV, rey entre 1788 y 1808, cuando el edificio del Paseo del Prado quedó casi concluido, pero su futuro uso distaba de quedar claro. Carlos IV pensó en retomar el proyecto de una pinacoteca perfilado en tiempos de su tío Fernando VI, pero la parálisis económica del reino, aunada al estallido de la Revolución francesa impidió su realización.
En 1808, Napoleón Bonaparte invadió España desatando así la Guerra de la Independencia Española. José Bonaparte, hermano del soberano francés, fue nombrado rey de España en sustitución de Carlos IV. Este rey «intruso», muy impopular, fue quien realmente plasmó por escrito la creación del actual Museo del Prado bajo el nombre de Museo Josefino. Con la creación de dicha institución, José Bonaparte pretendía emular a otras cortes europeas, que ya contaban con museos similares, y de paso frenar el expolio de arte español que en buena medida era propiciado por su propio hermano Napoleón. La inestabilidad del gobierno de Bonaparte impidió el desarrollo de la obra. El decreto de fundación, con todo, llegó a publicarse el 21 de diciembre de 1809.


Después de la ocupación francesa, Fernando VII fue proclamado nuevo monarca de España y regresó triunfante a Madrid en 1814. En ese mismo año, se mostró receptivo a las propuestas de su esposa, Isabel de Braganza (1797-1818), sobre el proyecto del museo. La reina Isabel había encontrado documentos de Carlos III dirigidos a Anton Raphael Mengs, pintor alemán de gran ascendiente en la corte de finales del siglo XVIII, sugiriéndole apoyo para crear el museo. Aún entonces, se barajaba como futura sede el Palacio de Buenavista, frente a la Fuente de Cibeles, pero basándose en los planos encontrados, doña Isabel dio impulso a la fundación del Museo Real de Pintura y Escultura en el edificio diseñado por Villanueva, que había resultado muy dañado durante la invasión. Fernando VII aportó dinero de su «bolsa personal» para techar y acondicionar unas pocas salas.


El horario original estaría abierto al público únicamente los miércoles de cada semana desde las nueve de la mañana hasta las dos de la tarde.
El Museo Nacional del Prado, desde que fue inaugurado en 1819 y a lo largo de su historia centenaria, ha cumplido con la alta misión de conservar, exponer y enriquecer el conjunto de las colecciones y obras de arte que, estrechamente vinculadas a la historia de España, constituyen una de las más elevadas manifestaciones de expresión artística de reconocido valor universal. El puesto que ocupa el Museo del Prado como relevante institución cultural de nuestro país se fundamenta en la extraordinaria riqueza de sus colecciones, cuyo valor artístico e identidad histórica se asientan en un singular origen y ejemplar formación. En grandes rasgos, su patrimonio actual se basa en la integración de la colección de los Reyes de España, los fondos del decimonónico Museo de la Trinidad procedentes de instituciones religiosas desamortizadas, y, finalmente, un siglo más tarde, las obras del siglo XIX segregadas del también desaparecido Museo de Arte Moderno.
Ley Museo Nacional del Prado. 
Isabel de Braganza murió en 1818, por complicaciones en su segundo parto y no llegó a ver concluida su obra. El rey decidió contraer matrimonio nuevamente. Con motivo de la celebración del matrimonio entre Fernando VII de España, y su tercera esposa María Josefa Amalia de Sajonia, el Prado fue inaugurado el 19 de noviembre de 1819, bajo el nombre de Museo Real de Pintura y Escultura. Esta nueva institución albergaba apenas en sus inicios cerca de trescientas once pinturas, destacando cuadros de Diego Velázquez, Juan de Juanes, Claudio Coello, Francisco de Goya (aún vivo) y José de Madrazo. El museo estaba marcado por una impronta característica de la corona española desde Carlos I y que más tarde Felipe II llevó a su máxima expresión con las obras realizadas por Tiziano en el Palacio del Pardo y el monasterio de El Escorial. Gracias al apoyo recibido por Fernando VII, hacia 1827 el Prado ya contaba con cerca de cuatro mil obras, dándole así un prestigio en los altos círculos del arte europeo.


La organización directiva del museo presenta tres etapas, a saber:
  • Etapa del absolutismo: En esta fase, la dirección del museo era designada por la oficina del rey, y estaba ligada a los juegos políticos de la época. Recibe su nombre ya que ocurrió en la época de los monarcas absolutos como Fernando VII y su hija Isabel II.
  • Artística: Al caer Isabel II, la tarea de dirigir el Prado pasó a manos de los artistas, como Federico Madrazo.
  • Historiadores del arte: Los estragos de la Guerra Civil llevaron a Francisco Franco a ceder estos puestos a los intelectuales conocedores de museografía, como Francisco Javier Sánchez Cantón, designado en 1960.


Fernando VII nombró como director del Prado a José Gabriel de Silva-Bazán y Waldstein, mayordomo mayor del Palacio de Oriente y Marqués de Santa Cruz. A este personaje sucedieron en el cargo el Príncipe de Anglona, el Marqués de Ariza y el Duque de Híjar, asesorados cada uno por los pintores Luis Eusebi, Vicente López y José de Madrazo. El duque de Híjar obtuvo el Cristo crucificado, obra de Velázquez.
Tras la muerte de Fernando VII en 1833, y la serie de las Guerras Carlistas, Isabel II ocupó el trono. En ese momento la aún joven institución vivió su primera crisis, cuando por cuestiones hereditarias se planteó tasar y dividir la colección (aún de propiedad real) entre la reina y su hermana. Finalmente, esta última fue indemnizada y la colección permaneció unida.


En 1865, siendo director del Museo Federico de Madrazo, pintor español, se decidió que la colección del museo se organizara por escuelas, y pasase a denominarse Museo del Prado. Muchas de las pinturas en El Escorial fueron trasladadas al Prado, y también el Tesoro del Delfín. Otro hecho que marcó la historia del museo sucedió en 1872, cuando Amadeo I anexó el Museo de la Trinidad, con sus respectivos fondos de pintura y escultura al Museo del Prado. Al igual que el Museo de la Trinidad, muchos monasterios españoles de Ávila, Segovia y Toledo corrían riesgo de perder su patrimonio por acción de la desamortización decretada en 1835 por Juan Álvarez Mendizábal, entonces Ministro de Hacienda. Pero sólo cien obras fueron seleccionadas para ingresar al Prado, mientras que el resto se dispersó por toda la Península Ibérica.


La historia del Museo del Prado es en gran medida un reflejo de la situación política española: Tras la caída de Isabel II, Amadeo de Saboya fue nombrado monarca español y trató de remediar la difícil situación económica por la que pasaba el Prado, pero las deficiencias se debían no sólo al dinero, sino también a una gestión personalista y poco profesional. El cronista Mariano de Cavia, con un artículo periodístico falso, simuló que la noche del 24 de marzo de 1891 el Prado había sufrido un incendio. La población de Madrid acudió alarmada al museo, comprobando que todo había sido una llamada de atención. La alarma de Cavia estaba justificada: personal del museo vivía y cocinaba en el edificio, para lo que se almacenaba leña, con el consecuente riesgo. La polémica forzó a adoptar medidas, aunque los suelos de madera de las salas no se sustituirían por mármol hasta bien entrado el siglo XX.


Durante la Guerra Civil Española, se intentó preservar la colección de pinturas de los bombardeos, por lo que se trasladaron primero a Valencia y más tarde a Ginebra, Suiza. En el trayecto a esta última ciudad, el camión que llevaba la obra La carga de los mamelucos de Francisco de Goya chocó con un balcón. La pintura sufrió daños relevantes, que fueron reparados discretamente. Ya en 2008, dichos daños fueron subsanados de forma ya definitiva, reintegrando los detalles perdidos mediante el uso de fotografías antiguas. Tras la contienda los cuadros regresaron a España.
Francisco Franco, jefe del Estado español tras la guerra civil, nombró como director al pintor Álvarez de Sotomayor, pero a la muerte de éste designó a Francisco Javier Sánchez Cantón, quien se rodeó de un grupo de antropólogos, museógrafos, pintores e historiadores para reformar la estructura del museo. En 1980 se constituyó la Fundación Amigos del Museo del Prado, impulsada por el historiador de arte Enrique Lafuente Ferrari, que fue también su primer presidente.


A pesar de diversas ampliaciones de alcance menor, el Prado sufría limitaciones de espacio, más graves a partir de los años 60, cuando el boom turístico disparó el número de visitantes. Poco a poco, la pinacoteca se adaptó a las nuevas exigencias técnicas; el sistema de filtrado y control del aire se instaló en los años 80, coincidiendo con la restauración de muchas pinturas de Velázquez. El tejado, construido con materiales dispares y mediante sucesivos remiendos, sufrió ocasionales goteras, hasta que en 1995 se convocó un concurso restringido para su remodelación integral, ganado por los arquitectos Dionisio Hernández Gil y Rafael Olalquiaga, ejecutándose las obras entre 1996 y 2001.
En 1995, un acuerdo parlamentario suscrito por los dos principales partidos de las Cortes, PP y PSOE, puso al museo a salvo de los vaivenes políticos y proporcionó la calma necesaria para un proceso de modernización, que incluía cambios jurídicos además de la ampliación. Ésta, tras un controvertido concurso de ideas, fue adjudicada al arquitecto Rafael Moneo, ya bien conocido en estas lides por sus trabajos en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida y el Museo Thyssen-Bornemisza, entre otros.
El Prado es gobernado por un director (actualmente Miguel Zugaza, en el cargo desde el año 2002), asistido por el Real Patronato del Museo, presidido desde 2012 por el jurista, diplomático y político José Pedro Pérez-Llorca. Su presupuesto previsto para el año 2012 es de 44 millones de €, de los que un 63% corresponderá a ingresos generados por el propio Museo: venta de entradas (10 millones de € en 2010), tiendas y patrocinios privados, y el resto a la aportación del Estado.