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miércoles, 24 de diciembre de 2014

24 Diciembre 1734 comienza a arder el antiguo Alcázar de los Austrias

En la Nochebuena de 1734, un misterioso fuego brotó del corazón del Alcázar de Madrid, un antiguo castillo medieval que la dinastía de los Austrias había reconvertido en palacio residencial. El incendio, según se sospecha, se originó en el aposento del pintor de Corte Jean Ranc. A pesar de los esfuerzos por apagar el fuego, que se extendió a lo largo de cuatro días, nada se pudo hacer por salvar el edificio, ni a las 500 obras de arte que allí perecieron, entre ellas varios cuadros de Diego Velázquez.

Alcázar de Madrid en 1534

Todavía hoy el origen y las circunstancias del incendio siguen sin estar claros, mas cuando era un lugar vigilado las 24 horas del día por ser la residencia de Felipe V y su familia. El detalle que alimenta las teorías conspiratorias es que sobre el solar calcinado el Monarca levantó el actual Palacio Real de Madrid, una construcción que se acercaba más a sus preferencias arquitectónicas.

Proclamación de Felipe V como Rey de España en el Real Alcázar de Madrid el 30 de Noviembre de 1701

No era el Alcázar de Madrid un edificio del gusto de la nueva dinastía, básicamente porque era un símbolo del anterior régimen. Cuando Felipe II, de la Casa de los Habsburgo, trasladó la corte a Madrid percibió la necesidad de acometer una gran restructuración urbanística en la pequeña villa. El Monarca puso sus ojos en el principal edificio de Madrid, el Real Alcázar, usado frecuentemente por los reyes castellanos para celebrar las Cortes del reino y, posteriormente, con la dinastía Trastámara, como residencia ocasional de la familia real. Pero, en sus orígenes más remotos, fue una fortaleza musulmana del siglo IX, que fue empleada a modo de ciudadela de Mayrit.

Apariencia del Alcázar hacia 1550 tras la reconstrucción de Carlos I


Felipe II, gran aficionado a la arquitectura, supervisó al completo la reforma del edificio. Si bien su padre Carlos I de España ya había sopesado la opción de fijar la corte en Madrid, y a él se le debe una primera remodelación del edificio, fue durante el reinado de su hijo cuando el palacio adquirió su forma característica. Las obras, que se extendieron desde 1561 hasta 1598, fueron dirigidas inicialmente porGaspar de la Vega, y después por Juan Bautista de Toledo, arquitecto de El Escorial, que levantó un torreón rematado con un chapitel de pizarra similar a los usados en su obra magna.


Vista del Real Alcázar hacia 1596

Así y todo, el resultado de las sucesivas remodelaciones había convertido el palacio en una extraña mezcla de estilos. Hubo que esperar hasta otra reforma en el reinado de Felipe IV para obtener una traza realmente armoniosa, a pesar de que este Monarca no sentía mucha simpatía por el palacio. De hecho, rehusó habitar en el Alcázar y mandó construir un segundo palacio, el del Buen Retiro, igualmente desaparecido.
De la misma opinión era el primer Rey Borbón de España, Felipe V. El estilo austero del edificio, que fue su primera residencia en España, chocaba directamente con el gusto francés que había impregnado la vida del Monarca desde su nacimiento en Versalles en 1683 hasta su llegada a España en 1700. El palacio nunca fue de su agrado, pese a las reformas acometidas para dotarle de un estilo francés.

Vista del Alcázar hacia 1640

La familia real no se encontraba en el Real Alcázar de Madrid en la Nochebuena de 1734, y tampoco la mayoría de los cortesanos. A las doce y cuarto de la noche, poco después del cambio de guardia, los soldados apreciaron llamaradas en el lienzo de la Priora, que cae a Poniente. Si bien dieron rápidamente alerta para evacuar el edificio, y los monjes del convento cercano de San Gil repicaron las campanas, el aviso fue ignorada durante un buen rato. Al oír las campanadas, método de aviso para la población en caso de incendio, la gente creyó que era la llamada para la Misa del Gallo.
Cuando los monjes y los centinelas consiguieron organizar un grupo de rescate, lo primero que hicieron fue despertar a los dormidos y sacar a las familias y a la marquesa de Fuentehermoso. A continuación, trajeron a uno de los cerrajeros reales, apellidado Flores, que pudo entrar en la Capilla Real y cargó con todos los objetos de valor que pudo. A las cuatro de la mañana se derrumbaba la capilla.

Vista del Alcázar hacia 1650

Ante el temor a que se produjeran saqueos, los cerrajeros reales actuaron con mucha cautela y solo permitieron acceder al interior a los cortesanos y a los religiosos. Cuando el fuego se extendió hacia el Salón Grande, donde cientos de cuadros cubrían las paredes, los improvisados bomberos arrancaron de sus marcos los lienzos situados en la parte baja, pues no había escalera, y los arrojaron por las ventanas.
Entre los cuadros salvados se encontraban «Las Meninas» de Velázquez, arrojado por una de las ventanas, y el retrato ecuestre de «Carlos V en Mühlberg» del pintor veneciano Tiziano, que quedó oscurecido por el humo en la zona inferior, donde los colores de la tierra y la hierba fueron reducidos a un ocre oscuro. Hoy se puede apreciar el cuadro de nuevo en todo su esplendor gracias a los recientes trabajos de limpieza. No en vano, una parte de las colecciones pictóricas había sido trasladada previamente al Palacio del Buen Retiro, para preservarla de las mencionadas obras de reforma que Felipe V había iniciado.

La familia de Felipe V por Jean Ranc, 1723

Se estima que, pese a los esfuerzos, al menos 500 cuadros, algunos de grandes maestros de la pintura, perecieron en el incendio. Entre ellos, «La expulsión de los moriscos» de Velázquez, del que solo se conservan bocetos y estaba considerada una de sus obras más valiosas, y el retrato favorito de Felipe IV que le pintó Peter Paul Rubens. El fuego también destruyó las piezas americanas que los conquistadores habían ido ofreciendo a los Reyes de España a lo largo de dos siglos.
A lo largo de cuatro días, el incendio fue consumiendo el palacio hasta solo dejar un par de fachadas y la torre del Príncipe, la de Carlos I, en pie. Y aunque las joyas más emblemáticas de la Corona, como la Perla Peregrina y el diamante El Estanque, pudieron ser rescatadas, muchos objetos de plata y oro quedaron fundidos por el calor y los restos de metal tuvieron que recogerse en cubos. Sin olvidar la pérdida de los documentos pertenecientes al Archivo de las Indias, las Bulas pontificias y demás papeles de todas las materias del Estado, cuya importancia es inestimable a nivel histórico.

Felipe V, rey de España. Por Jean Ranc en 1723

Las causas del incendio nunca quedaron claras. Supuestamente el fuego surgió en el aposento del pintor de Corte Jean Ranc,donde un grupo mozos del palacio incendiaron por accidente uno de los cortinajes de la estancia. Lo poco que agradaba el edificio a Felipe V, la extraña ausencia de la familia real ese día –que normalmente celebraba los maitines de Nochebuena en la Capilla Real–, el traslado previo de algunas de las obras de arte y la rapidez con la que surgió la propuesta de crear un nuevo palacio en esos mismos terrenos son los ingredientes que alimentaron la sospecha de que el Monarca sopló no para apagar las llamas, sino para avivarlas.
De lo que no cabe duda es que la tragedia, donde falleció una mujer, fue el pretexto perfecto para derrumbar por completo el edificio y levantar un nuevo palacio en el solar. El arquitecto italiano Filippo Juvara ideó un monumental proyecto inspirado en el Palacio del Louvre de París.

martes, 4 de noviembre de 2014

4 Noviembre 1717 Felipe V encarga la construcción del Cuartel de Conde Duque

El 4 de noviembre de 1717 el rey Felipe V firma la orden dirigida al corregidor de Madrid, el marqués de Vadillo, para «que se haga la fábrica y obra que se necesita en el cuartel de sus Reales Guardias de Corps que está en la calle de la Puerta de Conde-Duque, junto al convento de nuestra Señora de los Afligidos, para el alojamiento de 600 guardias y 400 caballos».
Francisco Antonio Salcedo y Aguirre, I Marqués de Vadillo (1648-1729). Miguel Jacinto Meléndez de Ribera, 1729.
Las Compañías Reales de Guardias de corps fueron un cuerpo militar de élite creado en el año 1704 como custodia personal de los reyes. Formadas por «los mejores soldados en valor, costumbres, nobleza, confianza, robustez y presencia», llamaban la atención por la riqueza y vistosidad de sus uniformes. Desde el tiempo de la creación de esta fuerza de élite, se hizo cargo el Ayuntamiento de los gastos de alojamiento y conservación de su cuartel de los Afligidos.
De esta manera, en 1717 el corregidor de Madrid, don Francisco Antonio de Salcedo y Aguirre, cumpliendo la orden real, dispuso la construcción del nuevo cuartel, encomendándosela al entonces maestro mayor de obras, Pedro de Ribera. Para ello, el concejo madrileño contribuyó con 2.000 escudos de vellón, obtenidos a partir de nuevos impuestos.
Placa conmemorativa. Número 26 de la calle Embajadores
El arquitecto madrileño proyecta un gran edificio con planta rectangular, en el que consigue armonizar funcionalidad y belleza. Las caballerizas se situaban en la vecina manzana 543. Para procurar perspectiva a la portada, Ribera trazó una pequeña plaza frente a ella.De esta manera, en 1717 el corregidor de Madrid, don Francisco Antonio de Salcedo y Aguirre, cumpliendo la orden real, dispuso la construcción del nuevo cuartel, encomendándosela al entonces maestro mayor de obras, Pedro de Ribera. Para ello, el concejo madrileño contribuyó con 2.000 escudos de vellón, obtenidos a partir de nuevos impuestos.Las Compañías Reales de Guardias de corps fueron un cuerpo militar de élite creado en el año 1704 como custodia personal de los reyes. Formadas por «los mejores soldados en valor, costumbres, nobleza, confianza, robustez y presencia», llamaban la atención por la riqueza y vistosidad de sus uniformes. Desde el tiempo de la creación de esta fuerza de élite, se hizo cargo el Ayuntamiento de los gastos de alojamiento y conservación de su cuartel de los Afligidos.
Plano de Chalmandrier de 1761
Se edificó tomando terrenos de cuatro pequeñas manzanas pertenecientes a don Juan de Chaves, en una de las cuales construyó su quinta don Gaspar de Guzmán. El edificio resultante fue un caserón de 244.365 pies cuadrados, con el número 550, y para el cual Ribera diseñó una llamativa portada, que resulta ser el ornamento más importante de la construcción. Dicha portada, situada en la fachada este, fue muy criticada por los clasicistas del siglo XVII y XVIII. Las dos líneas principales se corresponden a las fachadas este y oeste. En el interior del cuartel existen tres grandes patios, siendo el central el mayor.
Puerta principal Cuartel de Conde Duque
En el año 1969 el edificio dejó de tener uso militar, y comenzó a ser rehabilitado por el arquitecto Julio Cano Lasso, bajo encargo del Ayuntamiento de Madrid. En 1975, existió un plan para derribarlo y construir un edificio de ópera. En el año 1869 un fuerte incendio destruyó los pisos superiores, y casi hizo desaparecer la torre situada en la fachada oeste, que había sido utilizada como prisión para numerosos personajes políticos. Este hecho provocó la decadencia de las instalaciones.
Interior de la planta baja
En 2006 el Ayuntamiento comenzó a ejecutar un nuevo plan de rehabilitación a fondo del inmueble (interior, fachada e incluso cimientos), encomendado al arquitecto Carlos de Riaño. Los nuevos espacios culturales de que consta el edificio se inauguraron escalonadamente a lo largo del año 2011.

El origen de un nombre...
Aunque durante el siglo XIX se afirmaba que el nombre de Cuartel del Conde Duque, por el que ha sido siempre conocido este edificio, se debía al Conde Duque de Olivares, famoso valido de Felipe IV inmortalizado por Velázquez, investigaciones más documentadas prueban que este título de Conde Duque se refiere con toda probabilidad al III duque de Berwick y Liria, Conde de Lemos (1718-1785), descendiente de los reyes de Inglaterra y casado con una hija del duque de Alba, cuya familia conservó la propiedad de los terrenos del cuartel hasta 1943.

viernes, 3 de octubre de 2014

3 Octubre 1714 Felipe V otorgó por Real Cédula su aprobación a la fundación en Madrid de la Real Academia de la Lengua


Fundación en el Palacio del Marqués de Villena situado en la Plaza de las Descalzas, donde actualmente se conserva una espléndida portada de Pedro de Ribera.




La Real Academia Española (RAE) se creó en Madrid en 1713, por iniciativa de Juan Manuel Fernández Pacheco (1650-1725), octavo marqués de Villena, quien fue también su primer director.


Tras algunas reuniones preparatorias realizadas en el mes de junio, el 6 de julio de ese mismo año se celebró, en la casa del fundador, la primera sesión oficial de la nueva corporación, tal como se recoge en el primer libro de actas, iniciado el 3 de agosto de 1713. En estas primeras semanas de andadura, la RAE estaba formada por once miembros de número, algunos de ellos vinculados al movimiento de los novatores.Más adelante, el 3 de octubre de 1714, quedó aprobada oficialmente su constitución mediante una real cédula del rey Felipe V.


En 1715, después de considerar una serie de propuestas para decidir su lema, la institución, en «una votación secreta, eligió el actual: un crisol en el fuego con la leyenda Limpia, fija y da esplendor», según señala Alonso Zamora Vicente en su Historia de la Real Academia Española (1999). Para conocer mejor la historia general de la RAE, además del citado libro de Zamora Vicente, se recomienda la consulta del Catálogo de la exposición del tricentenario (2013) —coordinado por los académicos Carmen Iglesias y José Manuel Sánchez Ron— y La Real Academia Española. Vida e historia (2014), de Víctor García de la Concha, director honorario de la corporación desde 2010.





La RAE, cuyo principal precedente y modelo fue la Academia Francesa fundada por el cardenal Richelieu en 1635, se marcó como objetivo esencial desde su creación la elaboración de un diccionario de la lengua castellana, «el más copioso que pudiera hacerse». Ese propósito se hizo realidad con la publicación del Diccionario de autoridades, editado en seis volúmenes, entre 1726 y 1739, y en cuyos preliminares se incluye una sucinta historia de la corporación. En 1715 la Academia, que en sus inicios contaba con veinticuatro miembros, aprobó sus primeros estatutos, a los que siguieron los de 1848, 1859, 1977 y 1993.


La Orthographía apareció en 1741 y en 1771 se publicó la primera edición de la Gramática.


A lo largo de sus trescientos años de historia, un total de veintinueve directores han regido los destinos de la RAE, aunque dos de ellos —Ramón Menéndez Pidal y José María Pemán— repitieron en su cargo en dos períodos diferentes de sus vidas.Instalada en su actual sede académica de la calle madrileña de Felipe IV desde 1894, la institución ha ido adaptando sus funciones a las exigencias y necesidades de la sociedad de su tiempo. Los estatutos vigentes, aprobados en 1993, establecen como objetivo fundamental de la Academia «velar por que la lengua española, en su continua adaptación a las necesidades de los hablantes, no quiebre su esencial unidad». Este compromiso se ha plasmado en la denominada política lingüística panhispánica, compartida con las otras veintiuna corporaciones que forman parte de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), creada en México en 1951.